Han sido capaces de transformar
un pabellón en los restos
de un avión estrellado.

Tienen una capacidad de cuidado
de cercanía y de ternura hacia los niños
que renueva las convicciones
en la bondad de la persona.

 

 
 
Trabajan duro, durísimo,
de forma callada, discreta,
sin aplausos, sin que los niños
puedan siquiera imaginar
porqué viven cosas tan hermosas
y cuidadas.
Son muy buenos pedagogos,
de los que saben sacar capacidades...
Más aún, son educadores, porque
construyen personas...
Más aún, son catequistas,
porque hacen que un niño
intuya lo que se les transmite de Dios.
 
 

Son personas muy muy serias,
en su trabajo, muy responsables,
y dotadas de la creatividad
que distingue a los normales
de los que quedan grabados
en el corazón.

Por eso vuestros hij@s sonríen tanto,
hablan del próximo campamento...
Y, algunos, incluso...
dicen haber sentido a Dios.

Hasta mañana. Un beso

Es que son tan, tan buenos...