Como el cuerpo, que siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es la Iglesia de Cristo. Todos nosotros nos hemos bautizado en un solo espíritu para formar un solo cuerpo, y vivimos de ese mismo espíritu. El cuerpo no consta de un solo miembro sino de muchos. (1 Co 12,12-14)

     Somos familia. Participamos del carisma vicenciano con el que estamos insertos en la Iglesia universal. Y por eso nos sentimos vinculados a otros creyentes: ramas de la Familia Vicenciana, arciprestazgo, diócesis.
Expresiones de una
identidad compartida.
    Aportamos al
cuerpo de Cristo
la preocupación
por los pobres
y, entre estos los
más nece-
sitados.

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Ama hasta que te duela
si te duele es buena señal. (Teresa de Calcuta)
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   Miércoles II semana Adviento
   Inmaculada Concepción
   Gn 3,9-15.20
   Efesios 2,3-6.11-12